jueves, 31 de diciembre de 2009

EL DIARIO DE ROSENZWEIG


Asunto: El Diario de Rosenzweig
EL DIARIO DE ROSENZWEIG (léase Rósensuai)
Al advertir la interesante recepción que han tenido los datos particulares difundidos por el prestigioso Profesor Vladimir Rosenzweig nos vimos en la obligación de reeditar el famoso diario personal escrito en el siglo pasado para saber un poco más sobre quienes eran los protagonistas en esos años. Desgraciadamente un incendio provocado por las llamas originadas por Porotito y su mechero de Bunsen en un experimento, acabaron con gran parte de los registros de los cuales sólo pudimos salvar algunos meses de 1969 y no mucho más. No obstante de aquellos pocos documentos y gracias a un intenso trabajo que nos llevó poco más de un año, pudimos rescatar algo de aquel diario, que con mucha satisfacción esperamos sea de su agrado y sirva para despejar algunas dudas. Los nombres de algunos personajes fueron preservados o simplemente indicados con sus letras iniciales.
El Editor
1969
Martes 18 de marzo:
“Hoy comenzó un nuevo ciclo, di mi primera clase en las aulas del fondo. Dos divisiones, primera y segunda. No soy el mismo de antes después de lo del año pasado (1). No he logrado recuperarme. Confundo las cosas. Ellos estaban ahí, como siempre, esperando verme ingresar en el recinto. Veo que no ha cambiado mucho, excepto que me parece recordar un alumno rubicundo de origen checo y voz grave a quien el año pasado yo mismo había condenado aplicando una nota negativa. ¡El peor alumno que tuve en mi vida! (2) Creí que lo había destruido, pero no, ¡estaba nuevamente ahí! ”

(1) Clara alusión a la enfermedad que lo mantuvo alejado de los claustros el último semestre de 1968.
(2) Referencia a H.D., alumno que le causó problemas el año anterior originándole malestares en el colon que lo alejaron de las aulas. Años después H.D. abandonó su descarriada vida de machetes y cambiazos gracias a M..R.
También existe la teoría que dichas molestias comenzaron porque Vladimir, quien cambió su nombre por Vladimiro en Argentina, no pudo sobrellevar el mayo francés.

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Jueves 20 de marzo:
“Sigo con problemas. No soy el de antes. Los murmullos me atormentan. Sólo quiero poder empezar a aplazar en poco tiempo. Así me sentiré mejor. En las primeras filas se sientan señoritas que me desvían la atención con sus cantos de sirena. Me temo que tendré que respetar a una de ellas pues me parece rememorar a una conocida sacerdotisa de mi pasado (3). He vuelto a recordarle a la clase el libro que deberán usar este año. No me escuchan, ¿o será al revés? (4)”

(3) En esta oportunidad demuestra su temor a las fuerzas ocultas y lo perturba la presencia de M.C., a quien confunde con una pitonisa que lo atormentó décadas atrás y sigue tras él en busca de esenciales revelaciones.
(4) Nunca reconoció su privación auditiva, aún en su primera resurrección, tal es así que simulaba escuchar apuntadores clandestinos cuando la clase estaba en silencio.

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Martes 8 de abril:
“Han pasado algunas semanas y no consigo reprobar ninguna prueba. He estado pensando en algunos nuevos métodos con el fin de vigilar y estar alerta. Que no se copien, sino perderé mi autoridad para siempre. ¡Ab insomne non custita dracone! (4). He notado que en la lista sigue el mismo clan del año anterior conformado por cuatro componentes muy dispares (5). Al finalizar la clase se me acercó un alumno menudo con gafas y acento francés con un libro en sus manos. Ésta era una versión alternativa de Ángel Gallardo de 1910. Me sentí recompensado… (6)”

(4) Como vemos, comienza a delirar usando frases en latín. En esta oportunidad se refiere a que no debe distraerse para así cuidar su clase: “Para ejercer de custodio, el dragón debe padecer insomnio.”
(5) Aquí se refiere a los F. (A.F., J.F., M.F. y R.F.). Los confunde con los cuatro jinetes del apocalipsis y a partir de ahí comenzaría una cruzada para descifrar la identidad de cada uno. Con los años se sumaría con poca trascendencia un quinto componente al mencionado clan (H.F.).
(6) Lo que realmente molestaba a Rosenzweig era lo poco dedicados que eran algunos alumnos. No así el caso de J.C., quien alegró al anciano al ver el año de la edición de dicho volumen o su compañera de banco (M.B.), a la que se acercaba generosamente alegando dificultades auditivas. También estaba entre sus preferidas “la máquina”, apodo de S.G. y su amiga inseparable A.V.

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Martes 15 de julio:
“Hoy estuve hasta tarde en la sala de profesores. Casualmente cuando terminaba con mi tarea de corrección de pruebas y habiendo ya gastado la tinta roja de mi lapicera, apareció ella. Tenía los labios como rubí y sus desorbitados ojos me dejaron sin mitocondrias (7). Así era como la había soñado. En realidad nos habíamos cruzado minutos antes frente al busto de Don Carlos en el descanso de la escalera principal. Pero ahora estaba brillando en todo su esplendor. Creo que debo comunicarme, le hablaré sobre alguna molécula en común.”

(7) Consciente mención de la profesora P., con quien mantendría una íntima relación secreta, luego de romper con Lina, una celadora con quien mantuvo un fugaz romance que no prosperó debido a eruditas diferencias. Después de muchos años la Sra. P. y Rosenzweig encontraron finalmente la felicidad.

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Jueves 31 de julio:
“Hace frío, pero estoy ardiendo por dentro. No la vi más desde aquel día. Estoy a punto de atomizar. Absentes tinnitu aurium praesentire sermones de se, receptum est (8). Estoy descompensado con mi producción de trifosfato. Pero debo continuar tomando lección. Ahora es tiempo de tomar oral. Hago sentar a los estudiantes en la fila del primer banco donde me llamó la atención del volumen de dos alumnos de la hilera contigua que juntos provocan una pared que no me deja ver más allá (9).”

(8) Nuevamente hace uso del latín para referirse a su desdicha al no poder contactar con la Sra. P. imaginando que ella lo llamaba a su lado. “Es tradición que los ausentes presienten que se habla de ellos porque les tintinean los oídos”.
(9) Evidentemente hace referencia a dos revoltosos (R.V. y R.C.) que no encajaban en sus planes biológicos inmediatos. Y menos aún, sentados desafiantes en la primera fila.


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Jueves 19 de setiembre:
“El domingo es el día del estudiante. Paradójicamente la alergia de otros años desaparece, la primavera me exige la unión de aminoácidos . Me quedé hasta tarde en la biblioteca y al irse todos pude investigar sobre la generación de carreteras biológicas en los libros prohibidos (10). Sabía que podía sufrir una sanción, pero tenía que saberlo..”


(10) Las crónicas de la época datan de un pasadizo secreto por el cual se tenía acceso a una biblioteca paralela donde se encontraban los libros “no recomendables”, fue allí donde el Profesor estimulado por su intenso entusiasmo descubrió con delicia los avanzados estudios sobre dos químicos llamados Endorfina y Dopamina dados a la luz años después debido a la fuerte presión ejercida por la inquisición en su lucha contra el placer.

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Domingo 21 de setiembre:
“Día clave. Ayer compré un frasco de gomina pues se me había acabado. Me puse un traje liviano adecuado para la ocasión con una corbata provocativa azul marino haciendo juego. Un pullovercito de banlon y un gorro blanco Gath & Chaves por si refrescaba en mi portafolio. También llevé el microscopio para comenzar impensadamente una animada charla. Tenía que estar a tono con el día. Fui a la disquería y compré el último simple de Leonardo Favio (11). Casualmente me topé con alumnos de mi clase que iban de picnic a una casa de una niña de origen italiano en una localidad cercana a una laguna (12). Había tres que llegaban del Oeste. Uno de ellos no paraba de tomar fotografías incomodándome, el otro repartiendo manzanas y un tercero vestido de rojo arengando a realizar un piquete en Callao por la extensión de la duración de los recreos (13). Me quedé esperando hasta entrada la tarde, pero ella no vino. ¡Ad altiora, et meliora, msemper! Balbuceé en latín y decidí volver a casa (14).”


(11) Aparente cantante de la época. Al hacer este regalo queda demostrado que el mal que lo agobiaba iba en aumento.
(12) A.T.
(13) Proveniente de una familia de Europa del Este, sentía recelo por toda la gente del Oeste. Se observa en la forma que se refiere a J.M., M.F. y E.O.
(14) “Siempre más alto y mejor”. Era el grito de guerra para superar malos trances. Hay testigos que lo vieron esa misma tarde salir del Cine América horrorizado. Se supone que se confundió de recinto. Pues allí proyectaban la película Woodstock, estrenada para la apertura de dicha sala cinematográfica.

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Viernes 10 de octubre:
“Hoy ya me siento mejor, La primavera a pleno y el tratamiento (15) me han hecho bien. Además de haber podido formalizar al menos de manera furtiva con la Sra. P. Pero toda esta historia no deberá alejarme de mi objetivo: borrar la ignorancia de sus rostros de cualquier manera, a cualquier costo y con los cuatro temas como estandarte (16).”

(15) De esta manera trata de ocultar una consulta que le hizo a su primo nieto hermano Franz Rosenzweig, distinguido teólogo y filósofo, quien le recomendó un tratamiento con un psicológo. De esta manera se cree que D.F. descubrió su vocación por la psicología, convirtiéndose hoy en la profesional que todos conocemos.
(16) Al final era sabido que nunca abandonaría su lucha desigual. Siempre aplazaría, reprobaría o censuraría a sus alumnos producto de su demencia biológica.


Nota del Editor: Ésto es lo poco que se pudo recuperar de aquel memorable año dónde se recuerda la extraordinaria conjunción simbiótica entre alumno y profesor, que justamente no se dio en este caso. Obviamente se perdieron referencias sobre personajes claves de nuestra historia; H.D., J.E., O.M., C.S., C.C., R.P. y J.M.O. entre los revoltosos varones y C.G., R.G., C.G., V.R., L.B. y C.R. entre las aplicadas señoritas.
El diario de Rosenzweig no sólo es una obra maestra de la literatura epistolar, sino también una expresión particularmente lograda de parte de la vida de uno de los grandes biólogos de todos los tiempos.

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